Título: El Caso Bourne
Autor: Robert Ludlum
Editorial: Debolsillo
Páginas: 474
Que no os engañe la portada, aunque aparece Matt Damon en primer plano el libro no tiene nada que ver con las películas.
Normalmente aborrezco las películas que adaptan a su gusto los libros, que los cambian parcial o totalmente, pero estas están tan bien hechas y es tan diferente que quiero a ambos: al libro y a las películas.
El principio es parecido, un hombre que despierta amnésico. No sabe quién es pero sí
inglés, francés y varias lenguas asiáticas, sabe utilizar perfectamente
diversos tipos de armas y como hacer pasaportes falsos. No es un hombre normal
y nos encontraremos inmersos en una carrera por salvar su vida de enemigos que
no reconoce mientras intenta descubrir quién es realmente. Pero ahí termina el parecido.
La historia se desarrolla en diferentes lugares y a lo largo de 7 meses
en la década de los 80’. Entre las ciudades más destacables en las que se
desarrolla la novela son Zúrich, Marsella, París, Washington DC y Nueva York.
Muchas de
las escenas me han encantado y me han llamado la atención, pero destacaré una
del final del libro donde Bourne (o la persona que responde a ese nombre
durante gran parte del libro) vive a la vez dos ataques, el mental con sus
recuerdos y el de “Carlos” que intenta matarlo construyendo estas dos fuentes
de dolor a través de la comparación de la selva de Tam Quam (donde se sitúan
sus recuerdos) y la casa que se encuentra en el número 71 de la calle
Treadstone en Nueva York. No es sólo la debilidad del protagonista en ese
momento, ni la gran escena de acción que se puede imaginar al leerla sino el
hombre roto y herido no solo físicamente que se encuentra perdido y que solo se
dejar llevar por los fogonazos de memoria y el olor a sangre con un único
objetivo y no es ni su supervivencia ni cumplir con las órdenes que le
encomendaron hacía tres años. Su objetivo era salvar a la mujer que creyó en él
cuando ni él lo hacía y lo protegió de sí mismo.
Argumento:
Un hombre sin identidad despierta en una isla cercana a Marsella llamada
Port Noir con amnesia. Junto a él descubriremos las habilidades que poco a poco
van empezando a surgir. Ni un solo recuerdo, pero sí habilidades y un número de
cuenta en un banco de Zúrich que es la llave para descubrir quién es.
Una vez que llega a Zúrich descubre que se llama Jason Bourne y que
alguien quiere matarlo. Ni él ni nosotros sabemos quién es. Allí se hará con
una mujer como rehén, Marie St. Jacques, que será mucho más que eso durante
toda la novela. Descubriremos que no solo alguien (un asesino a sueldo llamado
Carlos) quiere matarlo, sino también la CIA y el Pentágono. No sabemos mucho
hasta la parte final del libro, solo piezas de un puzle sin resolver. Otro
asesino profesional llamado Caín que quiere quitarle el puesto a Carlos, un
hombre llamado Delta en una operación secreta y clasificada en la guerra de
Vietnam que desapareció, un hombre asesinado en una de estas operaciones
llamado Jason Bourne, una operación llamada Treadstone… Todo esto empezará a
cobrar sentido solo cuando la trampa empiece a cerrarse. Todos los involucrados
deberán salir a la luz vivos o muertos y retazos de memoria lleguen a Bourne
(aunque ese no es su verdadero nombre). Todo formaba parte de una operación
encubierta más allá de la CIA, el pentágono o el despacho oval. Caín no existe.
Bourne no existe. Treadstone ha terminado. Carlos quiere sangre. Es hora de que
las fichas comiencen a moverse, a revelar sus movimientos, a jugar sucio, a no
querer ni dejar escuchar. Un manto de muerte y sangre se cierne sobre todos
ellos y solo unos pocos lograrán levantar la cabeza para ver con claridad y
librarse de la marca que les persigue. Porque como el Caín original, deberá
huir e intentar borrar la marca que le acecha mientras intenta encontrar la
verdad de su vida, su verdad.
Valoración personal:
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No sabía de la existencia de este libro hasta que
me topé con él en una tienda de segunda mano. Conocía las películas que me
encantaban y no pude evitar comprarlo. Es una lectura fácil pero a la vez
difícil, todo depende del lector. Porque es un libro de intriga, uno de los
mejores que he leído, y podemos quedarnos con la historia de David Webb, que
por muchos meses se llamó Bourne. Podemos ser un poco conspiratorios y ver
como se mueven las influencias, el dinero y el secretismo por D.C. O también
irnos hacia la filosofía y verlo todo como una metáfora de la búsqueda de la
verdad que puede a llegar a volvernos paranoicos pero a la vez liberarnos de
un gran peso y a la búsqueda de uno mismo. Yo vi estas tres y muchas más y
por eso me quedaré con todas ellas, porque todas han llegado a mí. Han
causado impacto, alegría, rabia, frustración, me han hecho pensar, pararme a
pensar, preguntarme ciertas cosas, descubrir quién y cómo soy yo en realidad…
Y si bien los diálogos son algo extraños en
ciertos momentos (ya sea por la traducción o porque en el original es también
así), en su conjunto mezcla de forma brillante la acción con los flashback,
el terror con la alegría y la esperanza, el odio y el amor, las descripciones
y la narración… Todo para crear esa sensación de inseguridad que siente el
protagonista y esa certeza cortante y afilada como la de una guillotina que
nosotros solos presionamos sin saber, solo por las primeras impresiones y los
prejuicios.
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