Todos hemos visto películas americanas, dentro de estas películas encontramos comedias románticas, blockbusters, dramas imposibles... uno de estos subgéneros es el teen, si, esos en los que hay bailes cada semestre, en los que el chico malo acaba con la inteligente pero pringada etc. Si bien, The Breakfast Club se encasilla en este grupo, le da una vuelta de tuerca (considerándose ahora de culto). El porqué reside en la profundidad de los personajes y el desquite de los clichés que llevan encima desde la primera escena.
Aquí encontramos a los principales personajes de este tipo de películas, el deportista, la chica más popular (que será reina del baile), el cerebrito, la rara y el chico malo por excelencia. Juntos pasaran ocho horas y cincuenta y cuatro minutos un sábado, cada uno castigado por algo distinto. Al principio no se soportan y se comportan como los estereotipos que realmente no son pero donde se les ha encasillado. Pero conforme pasan los minutos y las horas, irán descubriéndose a ellos mismos y abriéndose a los otros, dejando atrás el estatus social y lo que se supone que no pueden hacer o decir. Ellos son personas, personas distintas pero iguales que necesitan alguien en quien apoyarse más allá de esas compañías que frecuentan por tener su misma etiqueta.
Recomiendo encarecidamente esta película para quien no la haya visto, aunque aviso de su efecto. Es una película realista y aunque duela decirlo, la realidad no suele ser dulce y fácil sino dura y complicada, agridulce.
La canción de la que os habló tiene ese sonido propio de los 80 que a mi tanto me encanta (y que algunos cantantes y grupos actuales están intentando simular ahora). Desprende exactamente lo que la película te deja, siendo como un epílogo que deja a tu imaginación que pasaría el lunes siguiente, cuando todo volviera a la normalidad. ¿Seguirá ahí todo lo que han conseguido? O al contrario ¿Irán por los pasillos sin mirarse como si realmente no se conocieran?

